Pez Polla

Dibujar, recortar y pegar peces polla… Dibujar, recortar y pegar peces polla… Dibuja, recortar y pegar peces polla… Dibujar, pedirle a mi mujer que recorte mis peces polla mientras ve la televisión por la noche, convencer a mi hijo para pasear los domingos a través de las calles con más señales de tráfico al alcance de mi mano…

Y comprobar cómo los arrancan uno detrás de otro, comprobar cómo la mayoría de los peces polla desaparece a los pocos días de ser pegados. Algunos dejan un resto mutilado, un trozo de cola, media cabeza cercenada…

Porque no hay nada más subversivo, más revolucionario y más punky que dedicar horas y horas a una actividad que no tiene ningún sentido, que no te proporciona ningún beneficio personal, que apenas te canjea la complicidad de un par de adolescentes con problemas de autoestima y una gran afición por tatuar trenes con pintura en aerosol.

Porque todos somos peces polla surcando la ciudad, todos somos únicos, todos vamos y venimos y damos un montón de vueltas y subimos y bajamos por las calles hasta que nos morimos y otros más jóvenes hacen exactamente lo mismo que hicimos nosotros. Reproducir este mundo. Con cara de mala leche, con una gran sonrisa de oreja a oreja, sin mirar ni a izquierda ni a derecha… Perdón, olvidaba que los peces polla no tenemos orejas, no tenemos ojos, siempre estamos pensando en nuestras cosas.

Esto ni siquiera es arte. No hay mucho que decir sobre todo esto. otra patochada más para llamar la atención. Además, qué dirían tus queridos compañeros de trabajo de la oficina si se enteraran de que tú…

Entonces una tarde, caminando por una calle con muchas señales de tráfico al alcance de la mano, caminando con tu hijo, una persona te para y te dice “perdona que te moleste, pero me encantan tus peces ¿te importaría darme uno? ¡sólo uno, por favor”.

Y tú, abrumado, con todo el ego seducido, respondes que sí, faltaría más, por supuesto…

“Yo es que soy muy fan tuyo –te dice después aquella persona desconocida-. Tengo que reconocer que de vez en cuando arranco alguno de tus peces para luego pegarlo en mi casa, en la nevera de la cocina, en el cristal de una ventana… Pero procuro coger únicamente aquellos peces que ya están un poco despegados, aquellos peces que se van a despegar y caer muy pronto… Es verdad que algunos se me rompen y me quedo con la mitad del pez en la mano y el resto se queda pegado en la pared, pero procuro tener mucho cuidado”.

Entonces sientes una profunda satisfacción personal, te sientes del todo halagado, reconocido, considerado… Entonces sientes ganas de gritar en mitad de la calle y a los cuatro vientos “soy yo ¡yo soy el pez polla! ¡admiradme todos, por favor”. Por favor.

Hasta los compañeros de la oficina reconocerían que eres un tipo sencillamente genial.

Son las trampas del ego.

Además, a quién quieres engañar. Pintar peces con un rotulador está al alcance de cualquier tarado. Lo que ocurre es que hasta el mayor de los tarados sabe que el tiempo hay que aprovecharlo haciendo cosas útiles, cosas que le reporten a uno algún beneficio, cosas que sean al menos entretenidas y divertidas.

Además, tampoco tiene tanto mérito recortar mientras ves la televisión cada noche después del trabajo.

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